|
La mañana me sorprendió en mi huerto aporcando lechugas y trasplantando perejil. En eso recibí la llamada de Lupita para contarme que te habías muerto, Amanda Castro. Por un momento creí que se trataba dotra Amanada.
¿Te acordás que nos vimos la última vez el 15 de septiembre en la Plaza Morazán de Tegucigalpa, convocados por Iris Mencía a hacer ayuno antigolpe? Vos ya estabas allí cuando yo llegué, porque yo me fuí antes a la manifestación. Teníamos ya ratitos de no vernos, y vos al pincipio no me reconcistes, como les sucedió a muchos en esos días, porque tenía yo la bárba crecida. Era un ancianito de barba. Y vos estabas allí, con tus ojos todo luz, con tu risa, toda sol.
Y como vos siempre me dijidtes que yo era el poeta del azadón, porque además de labrador de la tierra, sólo daba un azadonazo y brotaba un poema, el problema mío, es que er como todos los campesinos de honduras, dejamos las cosas en rústico. Y es cierto. Entonces yo te prometí hacer un arte poético, que nunca te entregué, pero que hoy te voy a dar porque desde hace tiempos lo tengo, porque vos me decías ¡Diablos! Candelario ¿Qué es para vos la poesía? He hilábamos conversaciones tonta, porque lo lindo, es que con vos, se podía hablar de todo, se puede, pues, tan abierta.
Y lo impresionabas a uno, tan gozosa, a pesar de que la vida te había condenado a andar pegada a ese cilindro de oxígeno. la fibrosis pulmonar, no las podía contigo, y esa cruz, la llevabas como un bicho parte de las ironías de la vida.
Amanda, dejá que te haga llegar esto que escribí ya tiempo a tu pedido.
AIRE POÉTICO Para Amanda Castro
Poesía, no te redimas en mí, si quieres, mastúrbate en mí y somos dichosos los dos, tú en mí y yo, en el bicho del tiempo, trepidando.
No me des el arte de conseguirte jamás, sólo sedúceme, que tu asechanza sea mi parnaso, digo, mi orgasmo, y que yo nunca sea poeta, ni menor, ni peor el cheque de nadie, el académico de nunca, la cátedra del mentor.
Déjame que me arrastre a tus pies, como el azadón a los míos cuando labro la tierra.
Nunca seas, ni la fiera, ni la feria del premio, sé mi apremio y que yo no pueda alcanzarte, para mantenerme cerca del pueblo, magro, crudo, rudo, del nudo, del denudo, del luego, del jamás por ego, de ese horizonte que le tiñe arcoíris a la fábula.
|